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Federico Schutt colocaba un salveque doble sobre el lomo de su caballo y lo llenaba de pequeñas bolas de boñiga. Recorría la parte más plana de su finca, en ese entonces un potrero, y las lanzaba sobre la tierra dañada.

Schutt mezclaba la boñiga con barro, luego introducía una semilla de pochote en cada bolita; el excremento funciona como fertilizante orgánico y el barro endurece y evita que se desarme. El pochote es un árbol para climas extremos.

58 años después el potrero ya no existe. Los árboles crecieron, los animales regresaron y el terreno dañado de don Federico se convirtió en el Refugio de Vida Silvestre Curú, un proyecto de 1.500 hectáreas en la Península de Nicoya con tres playas vírgenes, senderos, vida silvestre y vegetación abundante.

Dirección y galería de fotos de Curú aquí.

En Curú hay que tomar una lancha para visitar las playas que pertenecen al Refugio.

En este refugio se bucea, se hace snorkel, se disfruta de Quesera, la playa más blanca que haya visto, y también se puede andar en kayak.

Conozca playa Quesera aquí (Galería de fotos, dirección).

Los mapaches caminan por el Refugio sin miedos ni temores, los monos se columpian sobre los árboles y un venado camina por ahí, como si nada.

El complejo es administrado por los hijos del fundador, Adelina, Luis y Federico, que se han encargado de preservar un legado que su padre empezó a construir en 1960, cuando decidió separar un segmento de su finca para convertirlo en bosque.

Don Federico nació en Costa Rica, pero es de padres alemanes. Vivió los primeros años de su vida en Estados Unidos, hasta que la depresión lo obligó a vender su negocio de venta de sombreros y partir a suelo tico a mediados de los 30’s.

Cuenta su hijo Luis que cuando don Federico llegó a Curú lo primero que dijo fue, “aquí me quedó”. Colocó una hamaca y se instaló para siempre. Se casó con doña Julieta Valle, quien le ayudó a desarrollar Curú.

Era tierra remota, solo se podía llegar en bongo (barco con velero). No había carreteras ni accesos disponibles para vehículos.

El turismo no existía y la tierra solo se utilizaba para la agricultura y la ganadería, lo que le provocó muchos problemas a los Schutt, a quienes el gobierno los expropió de 400 hectáreas en los años 70′, al considerar como un ‘desperdicio’ preservar tanto terreno para el bosque.

Descubra aquí 50 playas que pertenecen a Parques Nacionales o áreas protegidas.

“Tener un bosque era visto como algo inadecuado. Los monos eran una plaga, igual que las dantas y los venados. Había que matarlos para sembrar. Para hacer potrero la consigna era quemar todo”, contó Luis, el hijo menor de don Federico.

En los años posteriores, la política del estado empezó a cambiar al punto de validar Curú como el primer Refugio de Vida Silvestre de Costa Rica.

Hoy en día tienen un programa de pesca turística responsable, en la que los propios pescadores se comprometieron a no tocar ciertas zonas ni especies.

Se invierte cerca del 40% de las ganancias en manejo y conservación.

La entrada al Refugio tiene un costo de 2.000 colones y los tours no suben de $35 dólares por persona.

Don Federico falleció en 1982, pero seguramente estará feliz de que tantos turistas valoren su legado.

Playas cercanas:

Playa Posa Colorada

Playa Margarita

Playa Mangos

Playa Blanca

Playa Quesera

 

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