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A solo unos metros del río se apreciaba Punta Uva, una postal de verano que me hablaba al oído y me decía: «¿Para qué va a perder su tiempo en ese riachuelo si aquí estoy yo?»

«¿Es por ese riachuelo que vamos a ir?», le pregunté al guía, algo incrédulo. Me costaba creer que al subirme al kayak y moverme por aquel río sin profundidad, me encontraría con algo asombroso.

No me ayudaba mirar la hermosa playa tan cerca. A solo unos metros del río se apreciaba Punta Uva, una postal de verano que me hablaba al oído y me decía: «¿Para qué va a perder su tiempo en ese riachuelo si aquí estoy yo?»

En playa Punta Uva el mar es turquesa. Fotografía: GOPlaya.cr

Lo pensé por unos segundos. Parecía innecesario subirme al kayak cuando podía quedarme cerca de la costa y de sus palmeras. El sol pegaba fuerte y la idea de refrescarme en el mar multicolor me seducía como pocas veces.

Aparte, el clima estaba increíble. Un sol brillante que permitía que las piedras que se escondían en el fondo del mar, se observaran desde muy afuera…

¡Pero aguanté! El guía me prometió que valdría la pena… Así que me subí al kayak junto a Carlos (mi socio y ‘fotógrafo’ oficial de GOPlaya), y en colaboración con www.vamosaturistear.com

Río Punta Uva en el Caribe de Costa Rica. Fotografía: GOPlaya.cr

Lo que voy a decir no es mentira (aunque puede ser difícil de creer): llevaba 5 minutos de haber empezado a remar, cuando dirigí mi mirada hacia la derecha y noté como un perezoso se columpiaba en la punta de árbol…

Y de pronto, moví la cabeza más arriba y, ¡había otro perezoso! Seguí remando y 10 metros después escuché como los monos saltaban de un lado a otro.

En medio de tantas sorpresas en tan poco tiempo, apenas si había podido analizar en dónde realmente me encontraba…

Perezoso cuelga de un árbol, mientras íbamos en el kayak.

¡Era una jungla impresionante! Después de llegar a Punta Uva, a un costado de la playa, se aprecia «ese riachuelo», que en realidad es el río Punta Uva.

De entrada, parece «el lugar perfecto» para que los niños limonenses se lancen desde una cuerda y se diviertan a su alrededor, pero al sumergirse en las profundidades de aquel lugar con el kayak, el escenario es mágico.

El rio es cubierto por una robusta vegetación. Miles de árboles con ramas sueltas que tocan el suelo. No hay otra forma de visitarlo que en kayak y durante algunas horas del día, pues cuando se llena mucho, no es posible llegar.

Esta es una buena noticia, es un hábitat resguardado por el propio entorno, que se mantendrá así siempre, ante la dificultad para entrar allí.

Se debe cruzar un pequeño puente para continuar la ruta de kayak.

Seguimos la ruta y, de a pocos, le tomé el gusto al kayak. Ya remaba sin tanto miedo como al principio y el foco de la experiencia se centraba en captar cada movimiento animal. Desde la orilla del río vi como corría una ‘guatusa’ entre los árboles, y justo después a una pequeña tortuga de tierra sobre una piedra.

Pensé que ya había visto lo suficiente, cuando de pronto Carlos señaló unas piedras en las que más de una decena de tortugas de tierra ‘tomaban el sol’.

Algunas se lanzaron al río, otras se quedaron allí. Fue increíble.

Durante el trayecto se aprecian decenas de tortugas de tierra.

El ride terminó. Hace pocos días hubo una fuerte lluvia que causó que un tronco se cayera sobre el río y bloqueó el camino como a la mitad del recorrido.

Nos devolvimos para disfrutar de playa Punta Uva. Hermosa e increíble como siempre. Por dicha no se fue para ningún lado mientras me perdí.

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