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Es fácil asombrarse al llegar. Mirar una pared rocosa y verde, con múltiples cavernas y frente al mar, desde donde cae un pequeño chorro de agua, en un escenario muy a lo ‘National Geographic’.

Un pequeño chorro permite refrescarse en las cavernas de playa Tortuga. Fotografía: John Durán.

Hotel: Uvita Paradise

Dirección Google Maps: https://bit.ly/2Z4H097

Caminata: Cerca de 2 kms (suave)

Detalle clave: Visitar solo en marea baja

‘Un respiro en medio de este encierro’, pensé, cuando me contaron de las cavernas de playa Tortuga. Lo que quizás no imaginé es que la visita a aquel destino escondido en Uvita sería como un tanque de oxígeno, tan necesario para recuperar el ánimo.

De entrada, era todo un reto descubrir aquel sitio. David, el dueño del hotel Uvita Paradise, nos avisó con antelación que si no nos levantábamos bien temprano, nos quedaríamos con las ganas de ver las cavernas.

Resulta que conocer este destino implica múltiples desafíos: Primero, la ‘madrugadita’. Teníamos que estar en la playa a las 6 a.m. para cruzar los dos esteros antes de que subiera la marea.

Segundo, encontrar el camino. Para llegar a la costa y empezar la caminata (son cerca de 2 kilómetros), es necesario conducir por un camino de tierra y piedra, cubierto de árboles. Debo decir que el encanto del recorrido empezó ahí, cuando parecía que el bosque nos ‘cantaba’; era un concierto de chicharras en aquella ‘jungla’ verde.

Un trayecto rodeado de árboles y palmeras lo llevará a playa Tortuga, desde donde empezará la caminata hacia las cavernas. Fotografía: John Durán.

John, el fotógrafo que nos acompañó en el viaje, se subió al cajón del pick up de Carlos, para capturar la imagen del camino y que se pueda hacer una idea de lo que le espera.

Por si las dudas, el camino es regular, a pesar de no estar asfaltado. Puede llegar en automóvil o 4×4, sin problema.

De todos modos, ‘el zopi’ nunca nos ha fallado. Le llamamos así al pick up de Carlos, mi socio de aventuras en GOPlaya, un carro 4×4 color negro; del color viene el sobrenombre de ‘Zopi’, un diminutivo de ‘Zopilote’.

Le contaba a Jhon durante el viaje que en el ‘Zopi» nos ha tocado hasta dormir. Una vez fuimos al parque Nacional Santa Rosa, a la zona conocida como sector Murciélago y nos metimos por el camino equivocado, lo que nos introdujo en aquel destino perdido, con caminos estrechos, escasa luz y un camino de tierra.

El punto es que llegó un momento en que el carro se quedó atascado y no teníamos señal de celular, así que hubo que estacionarlo a un costado y esperar hasta el día siguiente para caminar a la caseta del guardaparques para pedir ayuda y salir de ahí.

Pero esa es otra historia, ahora vamos bien acompañados por las chicharras rumbo a playa Tortuga en busca de las cuevas. Pudimos estacionar debajo de unos árboles, junto a otro vehículo.

De entrada, se mira una playa extensa de arena gris, con un estero a un costado. Ahora sí, la gran pregunta ¿caminamos hacia la izquierda o hacia la derecha?

Básicamente, si nos hubiéramos equivocado, no estaríamos contando esta historia, pues como la marea sube a cierta hora, hay que ser muy cuidadoso con el tiempo.

Por suerte, otro vehículo estacionó muy cerca nuestro y daba la impresión de que era alguien que conocía la zona. Se bajó del auto un canadiense junto a su perro y nos contó que llevaba cerca de tres años residiendo en Uvita.

Un tiempo atrás, recorrió en su vehículo Guanacaste y Limón, pero se enamoró del verde intenso de la zona.

Con un ‘spanglish’ particular nos señaló la ruta hacia las cuevas. O más bien lo hizo ‘Zeus’, que se le adelantó a su dueño y salió corriendo hacia al estero para jugar un rato con el agua.

Zeus nos señaló el camino hacia las cavernas de playa Tortuga. Fotografía: John Durán.

Seguimos a Zeus, caminamos hacia la derecha y superamos el primer estero con el agua rozándonos las rodillas.

Una caminata corta por la arena, con las sandalias en las manos y el sonido del mar diciéndonos ‘ya casi llegan’.

Luego de los primeros 10 minutos de caminata, empecé a notar a la distancia que nos aproximábamos a una pared de piedra forrada por un verde muy a lo ‘National Geographic’.

Carlos empezó a buscar spots para volar el drone y Jhon avanzó a paso acelerado. A mi nada me precisa, así que la llevé tranquilo para apreciar la playa.

Las fuertes tormentas del año pasado se llevaron algunas palmeras y árboles, aunque la comunidad se ha esforzado para cuidarla, sobre todo porque, a ciertas horas y épocas del año, desovan las tortugas.

De hecho hay un vivero de tortugas que se observa al ingresar a la playa. El objetivo de la comunidad es llevar los huevos allí para evitar que se los roben y luego, cuando nacen, regresarlas al mar.

Pero bueno, ya nos estamos acercando a las cavernas y es momento de cruzar el segundo estero, el último obstáculo antes de disfrutar el objetivo de este viaje: Las cavernas de playa Tortuga.

El agua nos llegaba por las rodillas cuando cruzamos el segundo estero, y estábamos a punto de llegar a las cavernas de Tortuga. Fotografía: John Durán.

Es fácil asombrarse al llegar. Mirar una pared rocosa, con múltiples agujeros y pequeñas cavernas, desde donde cae un pequeño chorro de agua.

Las rocas humedecidas han provocado que crezca la flora alrededor de toda la inmensa pared.

No me quise quedar con las ganas de refrescarme en aquel pequeño paraíso escondido en Uvita.

Así luce una de las cuevas de playa Tortuga en Uvita. Fotografía: John Durán.

A un costado cerca de la playa, se resguarda otra cueva, la más grande. Se puede cruzar de un lado a otro siempre y cuando la visite en marea baja.

Es decir, llega en un momento en que es mejor mirarla de lejos, pues allí revientan las olas.

Disfrutamos de las cuevas, las apreciamos y luego Carlos voló el drone para capturar unas imágenes bastante increíbles de este destino (Lo invito a mirar el video que aparece en la parte superior de este artículo).

Carlos voló el drone y capturó la esencia de este destino desde las alturas. Fotografía: John Durán.

Luego, partimos de allí con otro objetivo en mente (ya en modo relax), disfrutar de playa Hermosa de Dominical.

Después de la aventura viene la calma y era un buen momento para disfrutar de la playita.

Antes, nos fuimos a Uvita Paradise a refrescarnos en la piscina y a descansar unos minutos después del intenso viaje a playa Tortuga (ya no tenemos 19 años, perdón) y luego partimos a playa Hermosa.

Disfrutamos de la piscina en el hotel Uvita Paradise, y luego nos fuimos para playa Hermosa, en Dominical. Fotografía: John Durán.

En esta playa hay espacio para estacionar, sombra cerca de la costa y, por si acaso, una caseta de salvavidas.

De lejos se aprecian los surfistas que corren las olas y en el otro costado a los niños que juegan a la orilla.

Noté como los burbujas de turistas guardaban la distancia unas de otras, algo que me alegró.

Playa Hermosa en Dominical. Un spot bonito en la Zona Sur. Fotografía: John Durán.

También que la mayoría de personas se bajaron de su vehículo con mascarillas.

Disfrutamos del mar y de ese verde único de Uvita que envuelve a las playas, con los árboles como ‘pinturas’ y el sonido de los pájaros en todo momento.

Un buen ride en un destino especial, Uvita.

Galería de fotos:

Al ingresar a la playa, se encontrará un ingreso a un vivero de tortugas. Fotografía: John Durán.
El reflejo del agua y al fondo la playa, el camino nos lleva hacia las cuevas. Fotografía: John Durán.
El perro nos señala la ruta, mientras ‘juguetea’ en el estero. Fotografía: John Durán.