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Las ballenas jorobadas suelen hacer más piruetas y saltos en el sur que en Guanacaste. Las razones son muy sencillas: el agua es más cálida y hay menos viento.

A pocos metros de la lancha aprecio un animal gigante. Nunca había visto algo igual en mi vida. Una cola revienta sobre el mar y me salpica, ante el asombro de ocho seres humanos diminutos. Esa mañana de sábado me di cuenta de lo pequeño que soy. Una hormiga en el mar.

«Es una ballena jorobada junto a sus crías», grita el capitán. Hermosa, imponente. No se inmuta en ningún momento (no tiene por qué hacerlo, es enorme).

Se esconde por unos segundos y de un momento a otro, frente a los ojos de todos los presentes, ¡salta! Exhibe todo su cuerpo gigante. Alguna vez escuché a mi mamá decir que, «la esencia no viene en barriles». Puede que no, pero la esencia de aquel espectáculo nace del tamaño…

Sí, del tamaño de la ballena, de la inmensidad del mar.

Es curioso porque en ningún momento me sentí asustado, creo que fue más bien sorprendido de ver la fuerza con que aquel cetáceo salió del fondo del mar y se levantó para mostrarse ante el mundo.

Podría decirse que la reina del mar se dignó a salir de su palacio para darnos la bienvenida a su casa.

Alguna vez me contó un buen amigo fotógrafo, Marvin Caravaca, que lo enviaron a cubrir el avistamiento de las ballenas en Uvita. Su misión era capturar una imagen de portada. Estaba sentado en el bote cuando de repente saltó la ballena a muy pocos metros. Casi al frente suyo.

Fue tal la impresión de ver aquel gigante frente a sus ojos, que ni siquiera le dio tiempo de mover el lente de su cámara para enfocarla.

Curiosamente, las ballenas jorobadas suelen hacer más piruetas y saltos en el sur que en Guanacaste. Las razones son muy sencillas (y entendibles): el agua es más cálida y hay menos viento.

Ese día apenas si pude captar la imagen, que continúa en mi retina hasta la fecha. Por dicha el viaje no terminó ahí. Apenas se había movido la lancha, cuando el capitán nos pidió que asomáramos la cabeza.

De pronto había cinco delfines jugando con nosotros. Nos perseguían como si quisieran acompañarnos en nuestra andadura por el océano. Como si nos avisaran que muy pronto nos encontraríamos alguna otra ballena en el camino.

Aunque los delfines se dejan ver durante todo el año, las ballenas llegan a Uvita entre julio y octubre. Si está planificando su viaje, lo invito a visitar la zona entre setiembre y octubre. En estas fechas tendrá más seguridad de apreciar a los animales junto a sus crías.

De todos los paseos posibles, le sugiero que elija el que incluye el tour de snorkeling (ya casi le cuento cómo me fue). Pacific Expeditions ofrece esta experiencia en un lancha nueva y segura.

El tour dura 3 horas, incluye agua y frutas, equipo de seguridad, tiquete al Parque Nacional Marino Ballena, tour en las cavernas de playa Ventanas y equipo de snorkeling. Cuesta $70 por persona. Lo invito a reservar en los siguientes números:  2743-8115, 8308-8745 y 8475-7090. Encuentre toda la información en pacificexpeditionscr.com

Bajo el agua. Después de jugar un buen rato con los delfines, nos percatamos de que todavía faltaba una parada más en nuestro tour.

El momento de lanzarse al agua llegó, justo para bajar la adrenalina y disfrutar del silencio que se percibe en el fondo del mar.

El capitán tiene bien localizado el spot perfecto en el que se acumulan los peces. Basta con colocarse el chaleco salvavidas y el equipo de snorkeling para consumirse y disfrutar de otro espectáculo.

Más de una vez encendí el televisor y me asombré con las imágenes de National Geographic en las que los peces coloridos pasan tan de cerca de los buzos. Ahora me tocó vivirlo en carne propia y es mágico.

No soy experto en peces, pero me explican que en ese pequeño lugar se acumulan especies como el pez ángel y el pez loro, presentes durante la mayoría del año.

¡Qué día! Fue en Uvita, en el Parque Nacional Marino Ballena. Ya el tour incluye el tiquete al parque, entonces valía la pena conocerlo. Aproveché la tarde para disfrutar de la playa y visitar el tómbolo.

Resulta que, por cosas de la vida, hay unas particulares formaciones rocosas que toman la forma de la cola de la ballena cuando la marea empieza a subir.

En ese lugar es que se capturan las increíbles fotos que observa habitualmente en nuestra cuenta de Instagram. Desde los miradores se aprecia este fenómeno.